El 25 de abril tuvo lugar la Jornada de Puertas Abiertas del IV Simposio Internacional de Arte en lana, en la finca El Arreciado, término de Sevilleja y territorio sur de La Mina de Santa Quiteria.
Bocígano (los orígenes)
Aldea castellano-manchega situada en la Sierra del Ayllón (Guadalajara), muy cerca del límite con Madrid, como puede verse en el siguiente mapa:
Situación de Bocígano - Google Maps
En esta entrada intento averiguar el origen del apellido Ollero presente en La Jara toledana, concretamente en Sevilleja, como núcleo principal, y también en Córdoba. La relación entre ambos lugares geográficos se explica por el fenómeno socioeconómico e histórico de la Trashumancia, desplazamiento estacional de rebaños y familias de pastores desde la meseta norte a los pastos de las zonas cálidas de Castilla y Extremadura.
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| Casas serranas de Bocígano |
La situación geográfica de este pueblo ganadero de pastores trashumantes ha influido en la difusión del apellido desde la meseta norte hacia el sur: Toledo, Córdoba. Las Cañadas Reales eran también caminos de emigración de familias.
Situación de Bocígano (B), en la intersección de las cañadas reales Segoviana y Soriana Occidental. Además, en la intersección de las provincias de Madrid, Guadalajara y Segovia, en Somosierra.
Para saber más:
Artículo | "Bocígano y los apellidos Ollero y Uzquiano"
Juan Durán López | Blog sobre la historia de Bocígano
López de los Mozos, J.R.| Estudio sobre la fiesta de La Machada y fotos antiguas
Árbol genealógico 1º | Hijos y nietos de Francisco Ollero Peces y Luisa Díaz Olmos
Distribución de los apellidos españoles por provincias | Apellidos en España según los datos del INE
Enlaces de interés sobre la Trashumancia
Web de la Villa de Orgaz
Asociación Trashumancia y naturaleza
Rutas de la lana.eu
Juan Durán López | Blog sobre la historia de Bocígano
López de los Mozos, J.R.| Estudio sobre la fiesta de La Machada y fotos antiguas
Árbol genealógico 1º | Hijos y nietos de Francisco Ollero Peces y Luisa Díaz Olmos
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En los confines del sur (III) Emboscada en el corral de los Cojos
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| Los lugares del maquis señalados sobre el mapa del IGC de 1953. |
Al borde del camino de La Mina a Helechosa, a 3,741 kilómetros en línea recta hacia el sur de la aldea se encuentra una construcción, ahora en ruinas, que sirvió durante los años 40 y 50 de corral de ganado y vivienda de cabreros. Es una de las muchas casas de labor que pueblan el territorio del sureste toledano en su frontera con Extremadura y Ciudad Real; entre la Sierra de Altamira, o Sierra del Puerto como se la conoce por aquí, y el embalse del Cijara; el nombre del paraje es Pajarejo, en la sierra de Los Beatos, término municipal de Sevilleja de la Jara, territorio sur del anejo La Mina de Santa Quiteria.
Enlace | Situación de la casa de labor en Google Maps
Los ganaderos propietarios de Sevilleja, Miguel y Germán Sánchez Corroto, la habían construido en la falda del cerro Pajarejo, al borde del camino, destinada a albergar labriegos y ganado durante la temporada de laboreo. Los gañanes solían pasar la temporada por quincenas, arando el trozo que les habían asignado y volvían al pueblo a aprovisionarse; disponían de un corral amplio y una cuadra para dejar a las bestias y ellos tenían la cocina para vivir.
La casilla podía dedicarse también a la ganadería: por la puerta ancha podía entrar el rebaño de cabras o de ovejas, descansar por la noche en el corral y dormir los animales más jóvenes resguardados en la tinada. En medio del corral solían cavarse hoyos en la peña que sirvieran para curtir pieles.
Los pastores podían tener un rebaño de su propiedad o bien dedicarse a cuidar los animales de los demás vecinos; en este sentido la casilla de los Cojos esta situada en un lugar inmejorable, cerca de La Mina, al borde del camino y en la falda del monte que baja hasta el río Fresnedoso.
La vivienda (cocina o casilla, que da nombre a toda la construcción) es estrecha; mide 18 m2. En ella se encuentra una chimenea y un poyo que servía de asiento y de cama para una o dos personas. Se supone que había algún mueble, una mesa y alguna silla, utensilios de cocina y enseres como candiles, salero. Los alimentos podían almacenarse en parras, en garrafas, en bolsas de tela colgadas de la pared o en cestas de mimbre. En el vasar que está cerca de la chimenea no faltarían vasos, un porrón o alguna botella.
Presentación de diapositivas (pulsar sobre la imagen para avanzar)
Leer el artículo | «Emboscada en La Mina de Santa Quiteria»
| Poema de Pedro Díaz Rodríguez |
Leyendas del tesoro de Sevilleja
Cuando éramos chicos las leyendas de tesoros escondidos en el campo nos alegraban más que ninguna otra. No se hablaba más que de eso; era nuestro entretenimiento hasta que llegó la radio y la televisión.
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| Cueva de Moraleda |
Soñar un tesoro: Había gente que soñaba tres noches seguidas con el emplazamiento exacto de un tesoro y la tercera vez era la señal de que era verdad; a veces, acertaban, como uno que vino de Madrid porque había soñado con un tesoro escondido bajo un poyo sobre el que dormía una cabra negra. Vino al pueblo, buscó y lo encontró. Sin embargo un caso desafortunado fue el de una señora de La Mina de Santa Quiteria que soñó con un tesoro escondido en la cueva de Moraleda; no se encontró nada a pesar de la exploración exhaustiva del alcalde pedáneo y otros hombres que se metieron hasta el fondo con lámparas de carburo.
La encina que está en el centro de la Casquera Redonda de la sierra; dicen que debajo de la encina hay un tesoro, a diez metros, pero no se sabe en qué dirección se encuentra el punto exacto. ¿Al norte? ¿Al sur? Seguro que muchos lo han intentado a escondidas, como se aprecia en las zanjas que hay excavadas repartidas por la casquera. La creencia es que debajo de la encina hay una serpiente que lo custodia; el que la vea tiene que escupir sobre ella para librarse de su ataque y luego tiene que dejarse lamer la cara. O quizá responder a los enigmas que pueda plantearle como la esfinge del mito griego.
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| Encina de la Casquera |
Hay más casos verídicos de estos hallazgos en el campo, por ejemplo el caso de Paco, el Labrador —todos eran labradores, pero se conoce que le apodaban así—. Y entonces el padre le dijo que fuera a la sierra a por leña, porque la sierra sería de dominio público, que iba todo el mundo y cortaba la leña que quería… total que el hombre se fue, se puso a cortar una encina, y venga darle a la encina, y venga a darle a la encina y a la encina le quedaba mucho trozo; era una encina que estaba como podrida, pero que tenía hueco. Y ya se cansó dijo: “Pues lo que hago yo es que prendo la encina y cuando venga mañana la encina está en el suelo”. Y así lo hizo, y al día siguiente fue a hacer la leña y, fíjate, contó que se encontró como trozos de parra, de parra de barro, parras de esas de dos asas, rotos y llenos de escoria.
Y que se trajo las escorias y las llevó al boticario del pueblo, a este don Manuel Corroto Ollero, que era una persona entendida. Entonces este le dijo que eran escorias de oro, de plata y de cobre. Y añadió: “Pues, chico, has quemao tu suerte”.
—¿Cuándo te retiras?
—Ya pronto. Tengo escondido dinero suficiente para dejarlo y ese dinero oye todos los días el toque de las campanas de la iglesia.
Después siguieron su camino hacia Anchuras. Al jefe lo hallaron una vez bañándose en el río Estenilla. Allí le emboscaron, le dispararon y le hirieron; pudo escapar malherido pero murió, por lo visto, en el monte, desangrado. Lo encontró un pastor de Anchuras. Tenía las botas llenas de billetes y monedas; el pastor se hizo rico y enriqueció a toda su descendencia hasta hoy.
Era famosa la frase de la mujer del cabecilla que decía: “Quién quite las botas a mi marido no vuelve a trabajar en su vida”. Entonces, claro, se desveló el verdadero sentido de lo que decía.
Circulaban también otras frases que hacían referencia a los tesoros escondidos en estas sierras. Una quizá la pronunciara un rebelde, un moro: “Sierra de Altamira, ¡ quién pudiera darte la vuelta (o siete vueltas) !” Todos querían desentrañar los secretos del suelo de la sierra. Hay otras versiones de estas exclamaciones, como aquella que cuenta que algún carlista, cuando se alejaba de esta comarca, miraba hacia atrás suspirando: "¡ Ay Sierra de Altamira, cuánto oro y plata tienes mía !" Por lo visto los que le acompañaban estaban muy atentos a todo lo que decía.
Tía Josefa, la Facciosa, una de ellos, llevaba siempre dos caballos en sus correrías por La Jara y cuando la perseguían las fuerzas liberales de Belvís, de un brinco se cambiaba de caballo para no cansar demasiado a uno sólo. Como la apresaron, pasó mucho tiempo en la cárcel y al salir, yendo por el camino de La Nava a Sevilleja, uno de los de su cuadrilla, que era del pueblo, la oyó cantar coplas :
En la Sierra Sevilleja
hay mucha plata escondida;
el labrador que la encuentre
no vuelve a arar en su vida.
−Por lo visto tuvo tiempo de componer coplas en la cárcel.
−Pues ya podía haber apuntado el lugar en un papel. Ahora, sin planos, ¡ a ver quién lo encuentra!
uenta la leyenda el caso famoso del tesoro de los dos hermanos: Trabajando cerca del Venero, chorrera donde nace el arroyo de la Garganta, un campesino del pueblo se encontró con un jefe de partida carlista que estaba escondiendo algo debajo tierra; el carlista le amenazó de muerte si revelaba lo que había visto. Has de saber, desocupado lector, que en aquellos tiempos los campesinos tenían miedo de salir al campo, no había fuerzas del orden que los defendieran de los delincuentes. El pobre hombre no dijo nada hasta el final de sus días, cuando, ya cerca de la muerte, contó a su amigo Rufino el tabernero lo que le había pasado muchos años atrás.
Un domingo a la mañana Rufino, con la azada al hombro, fue a la pedriza al lugar que le habían señalado; después de cavar y cavar durante horas allí no aparecía nada; empezó a tener dudas sobre la veracidad de la información. A media mañana comenzaron a tocar a misa. El hombre, desengañado, dejó allí su trabajo y, muy religioso, se vino al pueblo a asistir a misa, también para no levantar sospechas, que en domingo no se trabaja.
Al día siguiente volvió al Venero a retomar el trabajo donde lo había dejado. Entonces de nuevo volvió a oír las campanas pero esta vez doblaban porque había muerto uno en el pueblo y esto le impresionó y se bajó. Es, pues, de saber que la gente de antes tenía sus supersticiones, sus temores y se vino.
En el camino se encontró con su hermano y cometió el error de contarle lo que había pasado y lo que había encontrado.
— ¿De dónde vienes, adónde vas?
— Pues mira, que me he soñao un tesoro, y vengo de cavar y cavar pero que no aparece. Me he cansao, lo dejo y me vuelvo.
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| Torre de la iglesia y Casquera (1968) |
Tio Juan Cristina, que así se llamaba el hermano, más despreocupado, aprovechó la ocasión para llegar hasta el lugar que le había dicho su hermano mientras este se volvía a casa doblado del esfuerzo. Se conoce que este estaba muy cerca del hallazgo cuando lo dejó. Juan desenterró sin problemas un puchero lleno de monedas de oro y se lo apropió. Luego, lo escondió en su casa de la Garganta, esa que después fue del molinero Román.
Es pues el caso que tío Juan escondió su dinero dentro de los montones de trigo de la troje y de hecho iban a robarle porque la noticia fabulosa había corrido como la pólvora por el pueblo y por toda la comarca y atrajo la atención de los bandidos; por las noches solían acudir bandoleros de la Mancha y cuatreros de la Jara a asaltar la casa pero ninguno pudo entrar a la fuerza ni por la puerta ni por el tejado porque la defensa era muy efectiva: tenía la puerta unos cerrojos poderosos que resistieron los golpes de los asaltantes. Además colaboraban en la defensa los hombres del pueblo que tenían escopetas. A la más mínima sospecha se tocaba a rebato y se daban voces de aviso.
Como tenía varias vacas negras de las vacadas que había entonces en el pueblo pues, muchas veces, al entrar las vacas, los cuatreros, más astutos, se metían entre el ganado y él no los podía ver porque no había luz eléctrica. Era al anochecer y cuando había oscurecido, pues iban y los atacaban claro, que les dieran el dinero. Entonces se lo daría o lo buscarían ellos...
Todavía en 1908, al presentarse en la casa tras un aviso, los escopeteros del pueblo encontraban a tio Juan Cristina y a su mujer amordaza'os, con un pañuelo apretado en la boca, que no podían hablar, las manos atadas, asustados.
Algunos piensan que después de tantos asaltos los ladrones consiguieron llevarse una parte del tesoro, otros creen que no pudieron entrar ni llevarse nada porque tio Juan Cristina supo esconderlo de la mejor manera posible, que en esto hay alguna diferencia entre los autores que este caso cuentan.
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| Parte de un tesoro hallado en La Jara en 2002 |
Sobre la propiedad de los hallazgos histórico-artísticos en el campo ha escrito unos comentarios interesantes en su blog Juan Bautista Moreno Román :
Enlace | La propiedad de los tesoros
En busca del tesoro de la sierra
En los confines del sur (II) Cueva de Moraleda
La cueva se encuentra en el territorio fronterizo del Portillo de Estena en el término de Alía (Cáceres) muy cerca del poblado de Cijara en el límite con Sevilleja-La Mina de Santa Quiteria.
Presentación de diapositivas (pulsar sobre la imagen para avanzar)
Todos los asaltantes que se acercaban a la entrada eran localizados gracias a la posición de la abertura superior, controlada por Moraleda. Sólo pudieron con él después de un sitio prolongado, venciéndole por hambre y sed.
Más tarde, en el siglo XX, los guerrilleros antifranquistas la utilizaron como refugio durante los años 40, en concreto Saturio Gómez Recio Quijote y su compañera Casimira Álvarez Felipe La Jopa.
La Guardia Civil había creado una contrapartida en La Mina de Santa Quiteria, que tenía un servicio de información muy eficaz formado por una sociedad local de cazadores que vigilaba constantemente cualquier movimiento en el monte. Salían de caza todos los domingos y preguntaban a los pastores sobre actividades y personas extrañas que pudieran haber visto. En una de esas pesquisas, disfrazados de maquis, consiguieron sonsacar a Joaquín Matoso, un labrador sevillejano, el paradero del grupo de Saturio. Los guerrilleros fueron localizados y cercados en este paraje serrano.
El historiador talaverano Benito Díaz ha publicado varios estudios sobre el maquis en el centro de España pero su información difiere de la aportada por la contrapartida de La Mina de Santa Quiteria. Para él Quijote murió por los disparos de la contrapartida en Campillo de la Jara.
En los años 60 la cueva volvió a estar presente en los relatos de los vecinos de La Mina: una mujer del pueblo residente en Madrid había soñado tres veces seguidas con la existencia de un tesoro escondido dentro de la cueva. Se lo comunicó al pedáneo; varios hombres provistos de lámparas de carburo penetraron en la cueva por la gatera superior pero no encontraron nada, qué pena...
Juan Bautista Moreno Román ha realizado este vídeo sobre la Cueva.
Presentación de diapositivas (pulsar sobre la imagen para avanzar)
Moraleda, el bandido generoso (cuento publicado en la revista de 1993)
Más tarde, en el siglo XX, los guerrilleros antifranquistas la utilizaron como refugio durante los años 40, en concreto Saturio Gómez Recio Quijote y su compañera Casimira Álvarez Felipe La Jopa.
La Guardia Civil había creado una contrapartida en La Mina de Santa Quiteria, que tenía un servicio de información muy eficaz formado por una sociedad local de cazadores que vigilaba constantemente cualquier movimiento en el monte. Salían de caza todos los domingos y preguntaban a los pastores sobre actividades y personas extrañas que pudieran haber visto. En una de esas pesquisas, disfrazados de maquis, consiguieron sonsacar a Joaquín Matoso, un labrador sevillejano, el paradero del grupo de Saturio. Los guerrilleros fueron localizados y cercados en este paraje serrano.
El historiador talaverano Benito Díaz ha publicado varios estudios sobre el maquis en el centro de España pero su información difiere de la aportada por la contrapartida de La Mina de Santa Quiteria. Para él Quijote murió por los disparos de la contrapartida en Campillo de la Jara.
Relato con aportaciones históricas: "Captura y muerte del guerrillero Quijote"
Ver el artículo de Benito Díaz: "La guerrilla antifranquista en Talavera y en la comarca de la Jara"
Sobre Casimira Álvarez : http://lahistoriaenlamemoria.blogspot.com.es/2013/01/alvarez-felipe-casimira-jopa.html
Ver el artículo de Benito Díaz: "La guerrilla antifranquista en Talavera y en la comarca de la Jara"
Sobre Casimira Álvarez : http://lahistoriaenlamemoria.blogspot.com.es/2013/01/alvarez-felipe-casimira-jopa.html
En los años 60 la cueva volvió a estar presente en los relatos de los vecinos de La Mina: una mujer del pueblo residente en Madrid había soñado tres veces seguidas con la existencia de un tesoro escondido dentro de la cueva. Se lo comunicó al pedáneo; varios hombres provistos de lámparas de carburo penetraron en la cueva por la gatera superior pero no encontraron nada, qué pena...
Juan Bautista Moreno Román ha realizado este vídeo sobre la Cueva.
Amuletos lunares
Amuleto, procede del latín amuletum, y se traduce por "transportar".
Se considera cualquier cosa que propicia el bien como medida preventiva contra el mal, el daño, la enfermedad, la brujería etc. Es a la vez un adorno al que se le supone dotado de un poder sobrenatural para apaciguar a los espíritus o influencias negativas. Se trata de objetos generalmente portátiles que, en ocasiones, sirven para ser portados en el propio cuerpo o colgados en puertas, ventanas o tejados. Son los niños los seres más vulnerables y por ello son más necesitados de cuidados y de protectores. Un hecho significativo era el recelo que tenían las madres de sacar a sus hijos recién nacidos, por miedo a que enfermaran o por miedo al mal de ojo. Por ello, cuando los niños salían fuera de la casa, iban rodeados de amuletos.
TIMÓN TIEMBLO, M. Pía. La infancia en Época de Don Quijote: males y elementos protectores, Ministerio de Cultura, disponible en Word Wide Web>http://www.museo-casa-natal-cervantes.org/files/444.pdf
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| Amuleto lunar de Valdeverdeja. Museo del Traje. Madrid |
En primer lugar, este esquema, que resume las formas que adquieren los amuletos en el oeste de la provincia. Entre ellos se encuentran varios de Sevilleja:
La descripción nos la proporciona el autor del artículo:
"Los amuletos más simples tienen forma de media luna provista de un agujerito, por el que pasa la cinta o cordón que sirven para sujetarlo al cuello o a la faja del niño. El número 1 procede de Sevilleja de la Jara y mide 3,50 cm por 3,3 cm. Del mismo lugar es el número 2, al que ya se le ha puesto un remate cuadrado para incluir en él el agujero de suspensión."
El quinto amuleto procede también de Sevilleja, "unido a un cuernecito de marfil engastado en plata, metal que también tiene virtudes profilácticas."
Además el autor percibe una evolución desde la primera forma, la más tosca, a las más elaboradas presentes en Lagartera.
A la media luna primitiva se le fue uniendo una cruz, "como elemento decorativo al principio y abiertamente después en una curiosa simbiosis cristiano-pagana."
Origen de la imagen http://www.celtiberia.net/verimg.asp?id=972
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| Amuleto de Lagartera. Museo del Traje. Madrid |
Para que tengan la virtud que se les atribuye hay que empezarlos a trabajar el Miércoles de Ceniza y seguir la tarea durante todos los viernes hasta el último cuaresmal, en cuya fecha se debe estar terminado para ponerlo en el monumento de Jueves Santo y retirarlo el viernes cuando este se deshace.
Estos amuletos se hacían también de plata, aprovechando, a veces, medallas religiosas, rara vez de oro, y madera trabajados a navaja. Se colgaban del cuello o de la cintura de los niños, como puede verse en los retratos de los infantes de la Casa de Austria, presentes en el Museo del Prado."
La creencia popular sobre la media luna:
Otros objetos realizados en plata son los crecientes lunares. Era frecuente la media luna calada con una cuadrifolia de adorno, símbolo mariano también llamado Rosa de Jericó. Sobre esta flor existe una leyenda de la Virgen que se asocia en el folclore español al alumbramiento. Por lo tanto, las medias lunas no solo han servido como amuleto contra el alunamiento, sino que además, han sido utilizadas para conseguir un buen parto y una buena lactancia. En algunas áreas de Toledo hasta la década de los años sesenta, se colocaba una media luna de hoja de lata en el pañalito de los niños para prevenirle de las irritaciones de la piel.TIMÓN TIEMBLO, M. Pía, La infancia en Época de Don Quijote: males y elementos protectores, Ministerio de Cultura.
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| Tía Ángeles 2013 |
"El influjo lunar es considerado peligroso, y a los niños recién nacidos se procura guardarlos de la exposición directa de la luna, cerrando las ventanas e incluso no colgando sus pañales al sereno cuando hay luna. La luna daña tanto al niño como a la madre lactante, por eso los niños y las mujeres han solido rodearse de medias lunas contra su poderoso influjo; aunque los crecientes lunares tienen además otros fines profilácticos. La luna, como reina de la noche, se identifica, con lo oculto, con la mujer, con lo negativo."
ALARCÓN ROMÁN, Concepción, Catálogo de amuletos del Museo del Pueblo Español, disponible en Word Wide Web>http://es.calameo.com/read/001044456e96a60eacb6d
Labor de ganchillo y pendientes de herradura
Media luna en todo su esplendor
Picaporte con formas fálicas y semilunares (C/Sevilleja, La Nava) y decoración geométrica. La puerta de entrada es el mejor lugar para poner amuletos de protección a la casa.
En los confines del sur (I) Portillo de Estena
uando en diciembre de 1932 la Segunda República inició las obras del embalse de Cijara los ingenieros del ministerio tuvieron que sustituir las vías de comunicación, que iban a quedar inundadas, por otras construidas a más altura en las laderas de los montes. Los antiguos caminos de herradura y las veredas de ganado fueron sustituidos por carreteras locales que se abrieron paso en la roca a fuerza de pico, pala y dinamita.
La carretera que comunica el poblado de Pantano de Cijara con Navahermosa bordea el embalse y sortea antiguos valles gracias a puentes de piedra y viaductos de hormigón. Hay uno impresionante: el viaducto de los 19 ojos construido en curva.
Con arcos de medio punto que dan una pincelada de clasicismo al paisaje jareño, además de dar la sensación de solidez y estabilidad.
Unos seiscientos metros en línea recta hacia el suroeste se encuentra la llamada Isla de las cuatro provincias, hoy rodeada de agua, pero que hace años era un cerro casi rodeado por dos ríos, recorrido por rebaños de cabras y explorado por los cabreros.
Cuentan los mayores de la zona que en la cima de ese cerro coinciden los límites de cuatro provincias, las dos extremeñas y las de Toledo y Ciudad Real (en su Rincón de Anchuras). Los gobernadores de las provincias (otras versiones cuentan que eran los cabreros) se reunían a comer sobre una mesa de piedra cuadrada, cada uno en su territorio pero, a la vez, juntos.
Como toda leyenda se fundamenta en una base real quise hace años comprobar qué había en la cima y pude cruzar a pie gracias a la sequía de los meses de verano que permitía llegar por el norte a la isla desde el viaducto. Vi una roca de forma más o menos cúbica que podía haber servido de base a la leyenda. Pero entonces no llevaba cámara fotográfica, qué pena.
Hoy es difícil acceder si no es en barca; ojalá siga rodeada de agua por mucho tiempo porque no haya sequía...
En la foto aérea del SIGPAC de la Consejería de Agricultura de la JCCM se ven las lindes de dos parcelas de terrenos comunitarios, los del embalse, pertenecientes al municipio de Sevilleja y que además confluyen en lo alto del cerro, muy cerca de la cima y de la piedra rectangular que sugiere la forma de una mesa.
Otro aspecto más a tener en cuenta es la forma cuadrangular de la isla, visible en la foto aérea, que puede favorecer la interpretación de que cada cara del cerro corresponde a una provincia. Hay una foto aquí que refleja muy bien la forma geométrica del cerro. Efectivamente: tiene forma... piramidal... (asombroso) .
Aunque no hubiera sido descabellado que el límite entre Ciudad Real y Toledo pasara por lo alto del cerro sin embargo por alguna razón que se me escapa el cerro permaneció dentro del territorio toledano; quizá por ajustar la divisoria lo mejor posible al lecho de los ríos.
La caseta de los Pernales
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| Caseta, viaducto y finca El Arreciado |
No tiene importancia como monumento (todavía siguen en pie muchas casetas muy bien conservadas) sino por ser el lugar al que se refiere un relato familiar de los años cuarenta, aquella época durísima de lucha por la supervivencia de nuestros abuelos y padres.
Relato de fuentes orales:
A mediados de 1943 Faustino y Gonzalo trabajaban de arrieros transportando mercancías por el sur de la Jara. Una tarde salieron de la finca El Arreciado con un carro cargado de carbón de encina pero se les hizo de noche cuando dejaron el camino y empezaron a bajar la cuesta de la carretera hacia el río Estena; allí estaba la caseta de los Pernales donde podían dormir y dar descanso a las mulas. De acuerdo con el caminero se instalaron en la explanada que hay delante de la caseta; ellos preparados para dormir en sacos encima del carbón; a las dos mulas, al lado del carro, les pusieron paja y grano en bolsas colgadas de la cabeza para que comieran cada una en su sitio.
Pocas horas después se presentaron de improviso cuatro de los de la sierra, guerrilleros antifranquistas de alguna partida que merodeaba por la zona. Dos entraron en la caseta y otros dos se quedaron fuera en una operación planeada para dar un atraco en la casa y llevarse los víveres cargados en las acémilas.
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| Alcantarilla de la antigua carretera |
Abandonaron la operación del exterior y entraron en la caseta a ayudar a sus compañeros. Al caminero le obligaron a traer caballerías para transportar los sacos llenos del botín de los víveres y él lógicamente fue a la cuadra a buscar las suyas propias.
Al día siguiente aparecieron las acémilas del peón caminero por la carretera. Venían de Navas de Estena con un palo en la boca, para que no se pararan a comer.
Así fue como Faustino y Gonzalo se libraron del atraco y pasaron desapercibidos, inmóviles en el carro (las mulas se defendieron bien).
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