Arroyo Hollegoso


Varias son las formas de escribir el nombre del arroyo que pasa a 1,5 km al norte de la población toledana de Nava de Ricomalillo y discurre por el Valle hacia Aldeanueva de Balbarroya antes de unirse al Huso. La última ortografía oficial, tal y como podemos ver en la señal de la Dirección General de Tráfico de indicación de la carretera nacional 502, es GOYEGOSO, tanto en el del sentido Talavera como en el de Herrera del Duque, aunque hemos visto varias versiones en los antiguos paneles de la carretera comarcal 503.  Se llegó a leer a escasos metros de distancia una indicación con HOYEGOSO, en un sentido, y OLLEGOSO en otro.


Arroyo Hollegoso Nava de Ricomalillo Toledo

Basándose en esta última grafía Fernando Jiménez de Gregorio escribió en su obra sobre La Nava [1] unas líneas referentes al origen del nombre del arroyo, que debía de tener algo que ver con el apellido Ollero, muy frecuente en La Nava en el siglo XVIII[2]. Más tarde asoció la primera parte del vocablo con la palabra “hoya” y la final con el nombre del animal plantígrado para apoyar su explicación de que antiguamente abundaban los osos en la Jara y concretamente en el barranco (hoya) formado por el arroyo. Se refería a las descripciones de los libros de montería de los reyes medievales que informaban sobre las zonas de caza y ratificaban la abundancia de osos y jabalíes por estos pagos 

Jiménez encontró la referencia al arroyo Holligoso en el Libro de Montería [3] de Alfonso XI, en el capítulo XVI "En tierras de Talavera hay estos montes" del Libro Tercero[4]. Se puede leer "Lolligoso", vocablo cuya L- inicial corresponde al artículo determinado con elisión delante de la vocal inicial del sustantivo. (L'Olligoso)

valle del Hoyegoso Nava de Ricomalillo Toledo
Amanecer en el Valle del Hollegoso
Para buscar una explicación racional hemos puesto en relación este nombre con el contexto geográfico en el que está ubicado. En la comarca se encuentran denominaciones que presentan una forma parecida sobre todo en el sufijo final.
Los arroyos Tamujoso (Belvís), Fresnedoso (Anchuras, La Mina), Arnoso (Sevilleja), Cascajoso (Belvís), Valzarzoso (Sevilleja), Pedregoso (Aldeanueva) y otros topónimos como Retamoso, Gamonoso, Pedroso. El sufijo –oso/a es muy frecuente en los arroyos de la comarca y tiene el significado de :"que abunda en …". En los topónimos de los arroyos son frecuentes las referencias al mundo vegetal: Que abunda en tamujas, en fresnedas, en zarzas, en retamas.


La hipótesis de partida nos dice que el sufijo -oso del arroyo de La Nava estaría precedido por una palabra teórica perteneciente al mundo natural que sería parecida a (H)OLLEG- o bien (H)OYEG-.

Utilizando la combinatoria de grafías de las cuatro sílabas que ya se conocen por las versiones que se han visto escritas:

HOLLEGOSO
JOYEGOSO
GOYEGOSO
OLLEGOSO
HOLLIGOSO

Para hallar la raíz original se ha buscado una palabra de tres sílabas:

Primera pronunciada: [o] o bien [ho] o bien [xo] o bien [go](alfabeto fonético internacional)
Segunda pronunciada: [je] o bien [aproximante lateral platal+e]
Tercera: [go] o bien [xo]

La búsqueda ha dado como resultado la palabra HOLLEJO existente en el Diccionario RAE actual.

Proviene del latín folliculum, "saco pequeño": El pellejo delgado que recubre la fruta, las legumbres o la piel de las culebras.

Durante los siglos XV y XVI la palabra tenía dos acepciones con referencia a los mundos vegetal y animal:

1) el hollejo de los vegetales, sobre todo de la uva y la aceituna, y

2) el hollejo de las culebras. (Nebrija 1495; Alcalá 1505 y Nebrija 1516) [5]

Diccionario de Nebrija 1495


En el siglo siguiente se pierde la segunda acepción en los diccionarios históricos, que pasa a llamarse piel o pellejo; en la comarca se oye también la palabra "camisa" de culebra. El verbo desollar del castellano actual proviene de esa misma raíz latina anteponiéndole el prefino de(s)-. El significado de hollejo ha pervivido en este verbo que significa: "quitar el pellejo"


Alcalé 1505
Diccionario Alcalá de 1505
El arroyo Hollejoso sería pues un lugar abundante en pellejos de uvas o bien en aceitunas o bien en pellejos de culebra. Esta última es la hipótesis que sostenemos [6].


La inestabilidad de las consonantes de las dos primeras sílabas ha provocado la cantidad de grafías que conocemos.

Transformaciones de la primera sílaba: Desde la sílaba latina FO- se perdió en castellano la F inicial en la pronunciación; este cambió se reflejó en la H- muda que quedó al inicio de las palabras p.e. Farina (harina). Sin embargo en el castellano han pervivido pronunciaciones dialectales que aspiran la h latina inicial (se oye joya y jato por hoya y hato). De la aspiración se pasa fácilmente a la gutural fricativa sorda (grafía J-) y a la correspondiente sonora (grafía G-). De ahí que encontremos las representaciones gráficas variables en O-, HO-, JO- o GO-

Transformaciones de la segunda sílaba: -LLE- se transcribe así la lateral palatal que se pronuncia en los límites de la provincia de Toledo con Cáceres y que es una influencia de la pronunciación extremeña. La -ll- se pronuncia en pueblos limítrofes como Sevilleja, Campillo pero no se pronuncia en la Nava, que es yeísta, por lo que la representación gráfica del sonido ha sido -YE-.  

Sobe el lleísmo y yeísmo ver el Atlas lingüístico de Castilla-La Mancha de Pilar Garcia Mouton. (p. 147).

Transformaciones de la tercera sílaba: [xo] o [go] según el grado de influencia de las vocales en la sonorización de la consonante. Lo más normal en la fonética española es que la consonante intervocálica tienda a sonorizarse en [go] aunque en la zona de Belvís encontramos los topónimos Tamujoso y Cascajoso en los que no se ha producido el fenómeno. Debido a la estabilidad de de la escritura -go- desde la primera versión medieval Olligoso, y en las diferentes versiones  posteriores, mantenemos esta última grafía en vez de -jo-.

En la cuarta sílaba, la más estable, no ha habido transformaciones. 


Concluimos proponiendo la ortografía HOLLEGOSO para denominar el arroyo de Nava de Ricomalillo.


Marisol García Molina y José Ignacio Fernández Ollero




Libro de Monteria de Alfonso XI
 Cita sobre el "Lolligoso" (principio de la primera columna) y el "Rencon de Maliello" (final de la primera columna) en el Libro de Montería de Alfonso Onceno.




[1] Jiménez: La Nava de Ricomalillo (un pueblo de La Jara toledana), ASAN, 1982.
[2] Jiménez: obr. cit., p. 14
[3] Jiménez: Comarca de la Jara toledana, IPIET, Diputación, 1982, p. 25
[4] Libro de la monteria que mando escrevir el muy alto y muy poderoso Rey Don Alonso de Castilla y de Leon, vltimo de este nombre, Sevilla, 1582. Digitalizado y accesible en la web de la Universidad de Sevilla: http://fondosdigitales.us.es/fondos/libros/313/78/libro-de-la-monteria-que-mando-escrevir-el-muy-alto-y-muy-poderoso-rey-don-alonso-de-castilla-y-de-leon-vltimo-de-este-nombre/ (página 160 de la digitalización)
[5] Ver los diccionarios históricos de la RAE accesibles en www.rae.es
[6] Los interesados en saber cuál de las tres cosas es más abundante en las riberas del arroyo pueden acercarse al Valle y comprobar qué es lo que hay.

El tío Cacharrito y el burro Pesetero (cuento tradicional)


as carreteras actuales, tan bien preparadas para el tráfico rodado, han sido durante siglos caminos de tierra mal arreglados por los que circulaban carreteros y muleros que iban a  comerciar a los pueblos toledanos y extremeños. El antiguo camino de herradura que cruzaba la Jara de norte a sur unía varias aldeas desde Talavera a Herrera del Duque; por él había circulación, pero a velocidad de a pie o de pezuña.
         Esto era un cacharrero que, cansado de las horas de camino bajo el sol, llegó a la posada de la plaza del pueblo para pasar la noche, camino de la Siberia extremeña. Traía una retahíla de mulas cargadas de mercancía y un burro viejo, que iba el último. Quería venderlo y no sabía cómo; no pensaba que fuera a comprárselo nadie con lo viejo y malo que era ya. En sus largas horas de camino había ideado un truco para enganchar a alguno de los patanes de los pueblos y venderle el burro. Se inventó el cuento de que cagaba pesetas y urdió el plan de trabajo: primero le daría un palo en el culo con una vara delante de los hombres del pueblo y segundo arrojaría disimuladamente las monedas al suelo; aunque tampoco era mala idea meterle seis pesetas en el culo y hacerlas caer a palo limpio. Se decidió por el segundo método.
         Al atardecer llegó a la posada y pidió al posadero una habitación con el suelo muy limpio, pero no para él: para el burro que traía, que era mágico decía y que iban a hacer una demostración pública de la maravilla.
Pero bueno ¿Cómo que quiere una habitación limpia y sin muebles?
Para mi burro Pesetero
¿Por qué le llama Pesetero?
Es que el burro caga pesetas.

 Tío Cacharrito, que así se llamaba el tunante, también insinuó al posadero que el animal haría ricos a quienes se lo compraran.
Todos los que volvían del campo al atardecer se enteraron de la noticia: era la bomba.
Tío Felipe, aún cubierto de polvo y sudoroso del trabajo de la jornada, no se podía creer lo que oía: su mujer le estaba diciendo que vendían una nueva especie de animal que cagaba pesetas y un tonto de cacharrero lo quería vender… porque era viejo, seguro que no llegaba a Extremadura decía, y porque a él ya le había dado bastante dinero.

la hora anunciada todos los del pueblo pasaron a la habitación del burro, la más limpia de la posada, la de suelo de baldosas relucientes, y se dispusieron alrededor mientras que tío Cacharrito y su burro ocupaban el centro: había extendido una manta de lana blanca a los pies del borrico y ya empezaba a hablar sobre la maravilla: decía abiertamente que quería venderlo porque era viejo, pero que tenía un don que no dejaría a nadie indiferente: cagaba pesetas, podía hacer rico a su dueño en poco tiempo, eso sí sólo cagaba tres pesetas al día; a veces las ponía por la noche como las gallinas el huevo y por la mañana al entrar en la cuadra el dueño se encontraba con las monedas en medio del suelo impecable. Si no encontraban nada por la mañana recomendaba utilizar con moderación el método de la vara porque con los golpes se podía perder la gracia que tenía la bestia de cagar dinero.
         Como no era cuestión de esperar a la noche a que el burro pusiera las pesetas, el arriero cogió la vara y le dio el primer golpe; la moneda salió rodando y se perdió entre pies enormes calzados de abarcas, alpargatas o descalzos, que se agarraron más si cabe al suelo cuando vieron el milagro. Al mismo tiempo se oyó un grito de admiración en toda la posada y se abrieron ojos incrédulos que seguían el recorrido de la peseta que rodaba por el suelo. Luego vino el segundo estacazo en las ancas del animal y la segunda peseta.

   "Lo vendo por tres mil pesetas pero el trato tiene que hacerse esta tarde, que tengo prisa en llegar a Extremadura: Hay un negocio al que llevo género, que no puede esperar: ¿Quién lo compra?" Tío Felipe era uno de los pocos que disponía de dinero contante y sonante porque había vendido hace poco unas tierras de su mujer. Habló con tío Cacharrito mientras los demás se lo pensaban. Como estaban de acuerdo en las condiciones se dieron la mano y quedaron en verse en la posada una hora después para hacer el intercambio. Allí se presentó tío Felipe con los billetes, recibió el burro, se dieron la mano otra vez para sellar un pacto más sólido que una piedra y le invitó al vendedor a un chato de vino para celebrar el contrato. Nada más salir el comprador, tío Cacharrito puso tierra de por medio y desapareció con sus mulas por el camino de Herrera del Duque sin dejar ni rastro: al final resulta que nadie sabía quién era, de qué pueblo venía, ni cómo se llamaba.





   Tío Felipe se llevó el burro a su cuadra, lo puso al lado del más grande de los pesebres, le dio el mejor forraje, sacó el estiércol, barrió el suelo para que estuviera cómodo y roció la estancia con Zotal™ para eliminar pulgas y otros bichos; hizo todo lo posible para que no le faltase de nada: comía y bebía a su antojo, y de sacarle al campo a trabajar… ni hablar. Sólo quedaba esperar al día siguiente a ver si cagaba las pesetas diarias como lo había asegurado su antiguo amo. Al día siguiente muy de mañana entraron su mujer y él en la cuadra y miraron bien en el suelo limpio. No vieron nada, a no ser que las pesetas hubieran rodado. Buscaron, barrieron otra vez, pero nada. Entonces, cansado de buscar, tío Felipe recordó que había una manera más rápida de conseguir la peseta, pegarle un palo en el culo, como lo había visto hacer en la posada.
         Tuvo suerte: el burro rebuznó y dio coces pero al final cagó las tres pesetas que le quedaban. Satisfechos con su adquisición pensaron que quizá podían sacarle más partido; a lo mejor podía pedir por el borrico el doble o el triple pero no allí en el pueblo sino en la feria de Talavera, adonde venían tratantes de toda la comarca.

         Por todas las carreteras de los alrededores acudían campesinos con sus familias porque era día de mercado. Los jareños y pacenses por el sur, los de la Campana de Oropesa y la Vera por el oeste, los abulenses de Arenas por el norte y por el este los toledanos del centro y oeste de la provincia. A las seis de la mañana ya se apreciaban las siluetas de los tratantes, labriegos, lañadores y comerciantes de todo pelaje. Los hombres iban delante, con los andares inconfundibles de los labradores, con las espaldas encorvadas y las piernas arqueadas, deformadas por los trabajos del campo, por el peso del arado, por la siega, que obliga a espernancarse para tener una postura estable, por tantas tareas inacabables de sol a sol. Llevaban una blusa azul recién planchada que se volaba con el viento; algunos al verse desfalijaos se arremetían el harapo; pero la primera racha de viento los hinchaba como balones. Sólo faltaba que los elevara por el aire como pompas de jabón, de las que sobresalía una cabeza, dos brazos y dos piernas.
         En la posada Román se reunían a comer y a tomar café los tratantes y la aristocracia del arado de los pueblos de La Jara. En el patio dejaban los burros y las vacas atados a una maroma, con una bolsa de forraje colgada de la cabeza. En la sala del comedor se roía igual que en el corral: ruidos de platos, de sopa que era sorbida en poco tiempo, de cortes de cuchillo trinchando, de muelas triturando torreznos y colmillos desgarrando costillas. Cada cual contaba cómo le habían ido los tratos de la mañana, preguntaban por la marcha de la cosecha, que si el tiempo era bueno para sembrar patatas, pero tardío para los nabos.
         Terminado el almuerzo, tío Felipe se fue a la Alameda con el burro del ramal, lo ató a un árbol y se puso a barrer alrededor para conseguir la misma limpieza del establo de su casa donde lo tuvo un día antes. Hizo saber a todos los tratantes que tenía un burro que cagaba pesetas y la noticia no tardo en correr como la pólvora entre los grupos de gitanos y aldeanos que estaban atentos a todo.
-Es que mi burro caga pesetas, explicaba él.
-Pero bueno ¿Cómo que caga pesetas? A ver demuéstrelo que lo veamos todos.
         Acudió todo quisque. Pero al hacer la prueba la cosa ya no funcionó. Al burro pesetero se le habían acabado las pesetas. Lo dejó derrengado a fuerza de palos porque no cagaba ninguna moneda. Y claro, imagínate el público: menos mal que se lo tomaron a risa, que lo podían haber molido a golpes a él por tramposo. Entre bromas y carcajadas de unos y otros Felipe salió de allí como alma que lleva el diablo, con un cabreo monumental y unas ganas terribles de coger del cuello a tío Cacharrito y hacerle pagar el engaño y la humillación que le había hecho pasar. Juró vengarse y no descansó hasta encontrar al cacharrero.

        
        Lo encontró en Castilblanco vendiendo peroles y sartenes. Después de asegurarse de que nadie se percataba lo secuestró, lo amordazó, lo ató de pies y manos y lo metió en un saco. Y hala, se trajo hacia Talavera las mulas, los cacharros, el burro pesetero y a tío Cacharrito terciado encima, dentro del saco, que tenía preparada una venganza terrible: tirarlo al río con una piedra atada a los pies.
         Las ansias de revancha de tío Felipe era tan grandes que no le dejaron hacer un descanso en el largo camino hacia el puente del Tajo. En dos días y una noche recorrió las veinte leguas. El pobre burro Pesetero, con el hombre a cuestas, no paraba de sufrir: después de los palos que le habían dado en los últimos días, y ahora la carga y el viaje…
A cien metros del Puente de Hierro tío Felipe se paró a buscar en la cuneta la piedra que le serviría para atarla de los pies de Chacharrito; aprovechando el momento que se quedó solo este empezó a clamar repetidas veces desde dentro del saco: “¡Ay, que me llevan a ser rey y no quiero! ¡Ay, que me llevan a ser rey y no quiero!”.


Un pastor, que estaba cuidando un hato de ovejas al borde del camino, lo oyó. Se acercó al saco que hablaba y contestó:
Pues yo sí quiero ser rey, así que le cambio a usted el puesto.
Vale, trato hecho. Desata el saco, déjame salir y te pones tú. Seguro que tendrás de lo mejorcito en tu reino.
Dicho y hecho: el cambio se hizo rápidamente, antes de que volviera Felipe con la piedra. Cuando la hilera reanudó la marcha ya le había metido el trozo de peña a los pies del saco y se aseguró de que la boca estuviera bien atada. Dentro, el pastor no cabía en sí de gozo.

Tío Felipe llegó al puente de Talavera, cogió el saco al hombro, se acercó a la barandilla y lo tiró al río: "Hala cabrón a ver si ahora engañas a los peces." Satisfecho con la venganza se dispuso a volver a su pueblo.

 Pero al desandar el camino se encontró con Cacharrito cuidando el rebaño a poca distancia de la carretera:
Pero hombre, tío Cacharrito, ¿Qué hace usted por aquí? Cómo puede ser, si acabo de tirarle al río y ahora le veo con cien ovejas?
¿No sabes eso de que "El que quiera un hatajo que se tire del puente abajo." ?
Pues volvamos rápido que quiero llegar a ser rico lo antes posible, contestó Felipe.
Volvieron y el pueblerino se tiró al río de cabeza. Mientras se hundía en el remolino Cacharrito solo amagaba:
"Adiós, buen hombre: el que quiera un atajo que se tire del puente abajo." Y dejándolo ahí este volvió con su rebaño y su burro a sus cacharros.



Para saber más:

Enlace | Cuento de hadas de la tradición europea: Piel de Asno de Charles Perrault, en el blog del escritor Luis López Nieves

Inserción de Youtube | Trailer  de la Película Piel de asno - Peau d'âne (1970)

Casa con porvenir

En Móstoles la Asociación Española de Amigos de la Poesía (ASEAPO) hizo entrega, el pasado viernes 27 de mayo, de los premios del V Certamen de Poesía "ASEAPO 2016", una convocatoria a la que concurrieron autores mayores de edad residentes en la Comunidad de Madrid. 
Fue galardonado con el primer premio el sevillejano Pedro Díaz Rodríguez por su poema "Casa con porvenir", que presentamos a continuación. 










El alcalde de Móstoles hace entrega del premio a Pedro



Tres meses después, en agosto de 2016, Pedro presentó su libro de poemas en Sevilleja como primicia a otras presentaciones que tendrían lugar en Madrid. En él se encuentran, entre otros, el poema premiado en Móstoles y el publicado en este blog "Cinco nidos para 'Golondrina'".


Portada del libro de Pedro


El Correo


Uno de los autobuses de la empresa La Jareña en servicio desde los años 40 hasta los 80 en la comarca. Otra de las líneas: Anchuras, Belvís, Talavera recorría los pueblos de sur de la Jara por la antigua comarcal CC503 hoy nacional 502. En Sevilleja se desviaba hacia Anchuras (Ciudad Real), donde tenía una de las cabeceras de línea. Hacía dos viajes al día: por la mañana iniciaba su recorrido a las 7,00 en Anchuras de los Montes para acabar en Talavera a las 9,00. Por la tarde salía a las 18,00 de la Estación de Autobuses de la Ciudad del Tajo.



Parada de La Jareña en Sevilleja, 1978 (Foto Pedro Monzón)



Rótulo de la empresa en la parada: Servicio de viajeros / encargos y correo / de Anchuras a Talavera

Construcción del Pantano de Cijara

Por el Decreto de 3 de octubre de 1932 (Gaceta de Madrid nº 279 de 5 de octubre) el Ministerio de Obras Públicas de Indalecio Prieto acuerda la ejecución por el Estado de las obras para la construcción de un embalse en el Portillo de Cijara.


 Reanudación de las obras después de la Guerra Civil, hacia 1950





Unos años más tarde hacia 1953


En el poblado de Guadisa, hacia 1955, casi terminada la obra


Vídeo No-Do | Inauguración del Pantano de Cijara 5/10/1956



Vídeo No-Do | Visita del ministro Vigón al Pantano de Cijara 24/2/1958




El Muro en abril de 2013



Diciembre de 2015

El Arte de la lana en El Arreciado

El 25 de abril tuvo lugar la Jornada de Puertas Abiertas del IV Simposio Internacional de Arte en lana, en la finca El Arreciado, término de Sevilleja y territorio sur de La Mina de Santa Quiteria.




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Situación | Google maps

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Bocígano (los orígenes)



Aldea castellano-manchega situada en la Sierra del Ayllón (Guadalajara), muy cerca del límite con Madrid, como puede verse en el siguiente mapa:


Situación de Bocígano - Google Maps

En esta entrada intento averiguar el origen del apellido Ollero presente en La Jara toledana, concretamente en Sevilleja, como núcleo principal, y también en Córdoba. La relación entre ambos lugares geográficos se explica por el fenómeno socioeconómico e histórico de la Trashumancia, desplazamiento estacional de rebaños y familias de pastores desde la meseta norte a los pastos de las zonas cálidas de Castilla y Extremadura.



Casas serranas de Bocígano 




La situación geográfica de este pueblo ganadero de pastores trashumantes ha influido en la difusión del apellido desde la meseta norte hacia el sur: Toledo, Córdoba. Las Cañadas Reales eran también caminos de emigración de familias.


Situación de Bocígano (B), en la intersección de las cañadas reales Segoviana  y Soriana Occidental. Además, en la intersección de las provincias de Madrid, Guadalajara y Segovia, en Somosierra.


Para saber más:

En los confines del sur (III) Emboscada en el Corral de los Cojos

Los lugares del maquis señalados sobre el mapa del IGC de 1953.
Seguimos en el suroeste de la provincia de Toledo, en la confluencia de las cuatro provincias, para repasar el territorio que frecuentó la guerrilla antifranquista; en entradas anteriores de este blog os presentaba El Portillo de Estena y Caseta de los Pernales, y la Cueva de Moraleda; ahora, estimados lectores, os presento la Cocina de los Cojos.


Al borde del camino de La Mina a Helechosa, a 3,741 kilómetros en línea recta hacia el sur de la aldea se encuentra una construcción, ahora en ruinas, que sirvió durante los años 40 y 50 de corral de ganado y vivienda de cabreros. Es una de las muchas casas de labor que pueblan el territorio del sureste toledano en su frontera con Extremadura y Ciudad Real; entre la Sierra de Altamira, o Sierra del Puerto como se la conoce por aquí, y el embalse del Cijara; el nombre del paraje es Pajarejo, en la sierra de Los Beatos, término municipal de Sevilleja de la Jara, territorio sur del anejo La Mina de Santa Quiteria. 



Enlace |  Situación de la casa de labor en Google Maps


Los ganaderos propietarios de Sevilleja, Miguel y Germán Sánchez Corroto, la habían construido en la falda del cerro Pajarejo, al borde del camino, destinada a albergar labriegos y ganado durante la temporada de laboreo. Los gañanes solían pasar la temporada por quincenas, arando el trozo que les habían asignado y volvían al pueblo a aprovisionarse; disponían de un corral amplio y una cuadra para dejar a las bestias y ellos tenían la cocina para vivir. 
La casilla podía dedicarse también a la ganadería: por la puerta ancha podía entrar el rebaño de cabras o de ovejas, descansar por la noche en el corral y dormir los animales más jóvenes resguardados en la tinada. En medio del corral solían cavarse hoyos en la peña que sirvieran para curtir pieles. 
Los pastores podían tener un rebaño de su propiedad o bien dedicarse a cuidar los animales de los demás vecinos; en este sentido la casilla de los Cojos esta situada en un lugar inmejorable, cerca de La Mina, al borde del camino y en la falda del monte que baja hasta el río Fresnedoso.



La vivienda (cocina o casilla, que da nombre a toda la construcción) es estrecha; mide 18 m2. En ella se encuentra una chimenea y un poyo que servía de asiento y de cama para una o dos personas. Se supone que había algún mueble, una mesa y alguna silla, utensilios de cocina y enseres como candiles, salero. Los alimentos podían almacenarse en parras, en garrafas, en bolsas de tela colgadas de la pared o en cestas de mimbre. En el vasar que está cerca de la chimenea no faltarían vasos, un porrón o alguna botella. 


Presentación de diapositivas (pulsar sobre la imagen para avanzar) 





Leer el artículo | "Emboscada en La Mina de Santa Quiteria"
















| Poema de Pedro Díaz Rodríguez |